San Luis de los Franceses (3ª edición). Núm. 89 colección Arte Hispalense
AUTOR: Juan Luis Ravé Prieto
El conjunto de San Luis, construido entre 1699 y 1731, resulta ser el monumento más unitario y de más calidad que conservamos del Barroco pleno en Sevilla. Su interés excepcional estriba en la coherencia entre su diseño, su función y su alto contenido ideológico, todo lo cual es consecuencia de la eficacia didáctica y de la elocuencia de sus promotores. No es extraño que haya sido considerado como la máxima expresión de la formulación del Barroco europeo en clave hispánica, o que haya servido de imagen reclamo para monografías tan significativas como la Andalucía Barroca de Bonet y el Barroco iberoamericano de Bottineau, sin embargo a pesar de su prestigio nacional e internacional, sigue siendo uno de los grandes desconocidos de gran parte de la sociedad sevillana.
Este ámbito tan sofisticado y especial fue el centro ceremonial y la capilla pública del noviciado, donde los jóvenes aspirantes a jesuitas iniciaban su carrera eclesiástica, para acabar finalmente en cualquier rincón de la Tierra, ejerciendo su misión evangelizadora. La imponente fábrica, sobresaliente desde cualquier punto del barrio, en plena calle real, antes eje de la ciudad y ya entonces, vía principal de un barrio popular como hoy, era un escenario perfecto para persuadir y encauzar a los jóvenes que estaban dispuestos a militar como soldados de Cristo. Como buen edificio barroco utiliza la retórica, el teatro, las artes plásticas y los efectos visuales, para expresar su intenso contenido simbólico. Paradójicamente este complejo artificio barroco estuvo poco tiempo cumpliendo su función original, sólo algo más de 30 años. La expulsión de los jesuitas, primero, y las diversas actuaciones desamortizadoras, después, explican que el monumento sea hoy patrimonio de la Diputación de Sevilla. Como obra de su tiempo, el templo de San Luis permite comprobar que el Barroco fue un fenómeno europeo que traspasó las fronteras y que hizo viajar las creaciones más exquisitas y elaboradas lejos del lugar en que, en principio, fueron generadas, al fundirse con los gustos y creaciones locales. Aquí confluyen las formas flexibles y expansivas del espacio barroco romano con la tradición y la práctica arquitectónica andaluza, albañilería, cantería, cerámica, sentido policromo y colorista de la arquitectura, gusto por los contrastes y la visión bidimensional y silueteada de las fachadas que se recortan en el luminoso cielo.
Con este trabajo intentamos contribuir a la interpretación del más rico laberinto estético de esta ciudad esencialmente barroca.